Devs: la mecánica cuántica y los senderos que se bifurcan

 

El jardín de senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts’ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En este, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.

 

Jorge Luis Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan

 
 

La historia de Devs es relativamente sencilla en su nivel más elemental, pero compleja en el aspecto científico y filosófico. Comencemos por lo primero. Un programador que trabaja para una compañía llamada Amaya obtiene un ascenso, que consiste en trabajar en un proyecto especial, reservado para un selecto grupo de desarrolladores. Las instalaciones donde esto se lleva a cabo están alejadas del edificio principal. Todo se maneja con mucha seguridad y un alto grado de secretismo. Con el correr de los episodios se descubre que este desarrollo promete ser importante y que tiene más aristas, tanto a nivel personal para el dueño de la empresa como en el terreno científico. Dejamos los spoilers para más adelante, ya que no es imprescindible contar todos los detalles de la trama. Lo que sí es necesario es entender el trasfondo científico y filosófico. Y para eso, Devs nos obliga en primer lugar a incursionar brevemente en la mecánica cuántica.

 

 

La mecánica cuántica es la rama de la física que trata sobre el comportamiento de la materia a nivel subatómico. Un comportamiento que, en base a los experimentos realizados y los fenómenos observados, viene desconcertando a los físicos desde hace un tiempo. De acuerdo con sus postulados, la materia subatómica puede comportarse al mismo tiempo como partícula o como onda, algo que desafía las leyes de la física clásica.

La explicación más aceptada es la que se conoce como interpretación de Copenhague, en la que el observador cumple un papel fundamental, pero existe otra conocida popularmente como la teoría de los muchos mundos. Según esta interpretación, presentada con un título más formal como tesis doctoral por Hugh Everett III, todas las posibles opciones de la materia existen al mismo tiempo, sólo que en universos paralelos que no tienen conexión entre sí.

La dualidad de la materia suele explicarse con un experimento teórico propuesto por Erwin Schrödinger, en el que interviene un gato encerrado en una caja. De acuerdo con la interpretación de Copenhague, el gato está vivo y muerto al mismo tiempo, hasta que alguien abre la caja para observar. Sólo en ese momento el gato adopta uno de los dos estados. Siguiendo con el mismo ejemplo, en la teoría de los muchos mundos el gato también presenta los dos estados, pero cada opción existe en un mundo diferente. Esto implica la existencia de varias realidades que existen simultáneamente, en tantos mundos como variaciones posibles puedan darse.

Ahora bien, al menos hasta ahora, este comportamiento descripto por la mecánica cuántica no se aplica a escalas más grandes. Es decir, no se aplica a la materia en el mundo de nuestra experiencia cotidiana, el de los objetos visibles a simple vista. Sin embargo, eso no ha impedido que la imaginación corra su curso. Hablar de dimensiones o mundos paralelos a nivel subatómico y extrapolarlo al universo visible de nuestra experiencia cotidiana es irresistible, y en el mundo de la literatura hay un pionero ilustre. En El jardín de los senderos que se bifurcan, Borges se adelantó en varios años a la teoría de los muchos mundos e imaginó el universo como un laberinto temporal, que se ramificaba para mostrar todas sus posibles variaciones.

 

En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen: por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo.

 

Jorge Luis Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan

 

Devs toma la teoría de los muchos mundos de la física cuántica y la lleva al mundo de los objetos más grandes. En la historia que propone la serie, se da una confrontación entre uno de los desarrolladores que acepta la teoría de los muchos mundos como una realidad y el dueño de Amaya, que cree que existe un solo mundo. Esta discusión está en el centro de la historia y en el funcionamiento adecuado o no del desarrollo secreto en el que se está trabajando.

Con respecto a la parte filosófica, la principal idea que aparece en la serie es el determinismo. Según el determinismo, todo lo que sucede está determinado por una serie de causas previas. Es decir que el universo sería como un gigantesco mecanismo de relojería, donde no existe el azar. Para algunos filósofos esto se opone a la idea de libre albedrío, porque incluso nuestro comportamiento y elecciones responden a una serie de causas. Para otros en cambio, si bien el universo es determinista en su funcionamiento, los seres humanos sí cuentan con libre albedrío sobre sus decisiones. La discusión no está saldada y entre los primeros hay quienes acusan a los segundos de redefinir el concepto de libre albedrío. Lo importante a tener en cuenta con respecto a la serie es que también se da esta discusión entre determinismo y libre albedrío, y que en principio el argumento se inclina por un determinismo duro, donde la libertad de elección es sólo una ilusión.

Hasta aquí podemos comentar la serie sin entrar en demasiados detalles. En la siguiente parte profundizamos un poco más en la ciencia y la filosofía, pero para hacerlo necesitamos revelar parte de la trama. Antes de seguir, terminamos esta primera parte señalando que la serie nos deja poco satisfechos. Si bien nos gusta todo el trasfondo científico y filosófico que plantea, nos deja la sensación de que la idea podría haber dado para más.

 

A CONTINUACIÓN SPOILERS

 

Antes de comenzar esta segunda parte, es necesario aclarar que el guión es lo suficientemente ambiguo como para que no sea posible establecer una interpretación unívoca de los hechos narados. Diferentes espectadores tendrán diferentes interpretaciones, e incluso pueden encontrarse lo que parecen ser contradicciones en el argumento.

Retomemos en primer lugar la teoría de Everett, aplicada a nuestro mundo de experiencias y objetos visibles. La superposición de mundos posibles se ilustra de un manera muy lograda en una escena donde ocurre un accidente automovilístico. En uno de esos posibles mundos no se produce el accidente. En otros, es el primer auto el que golpea al segundo. En algunos casos hay víctimas fatales, en otros no. Todas las combinaciones posibles existen, pero solamente una serie de combinaciones posibles es experimentada en cada mundo. Otra interpretación, opuesta a la anterior, es que los muchos mundos existen solamente como la expresión de un cálculo de probabilidad, como una simulación de lo que podría haber ocurrido pero no sucedió. Lo que finalmente ocurre en la realidad se impone por encima de las otras opciones probables gracias al efecto de determinadas causas. Los otros mundos son probabilidades que no llegan a concretarse, porque solo un mundo real existe y es posible.

 

Tirar una moneda no es un evento azaroso; es un evento complejo. ¿Qué tan fuerte se tiró la moneda? ¿Cuál era su peso? ¿La resistencia del aire? ¿La temperatura del ambiente? ¿El ángulo con el que cayó sobre la mesa? […] La caída de meteoritos, la rueda de una ruleta girando, las desgracias sufridas, todo puede ser desentrañado. No puedes nombrar un evento azaroso, porque no hay eventos azarosos.

¿Te preguntas qué es Devs?. Esto es Devs. Es el único principio que necesitas entender. Nunca sucede nada sin una razón. Todo fue determinado por algo previo. Eso es todo. Toma una computadora, dale todos los datos que pueden existir sobre esta lapicera rodando sobre la mesa. Su trayectoria, su velocidad, la masa de sus componentes, su estructura atómica. ¿Qué puede decirte la computadora? Puede decirte qué tan fuerte fue empujada la lapicera y cuándo se detendrá. La computadora puede ver hacia atrás, puede ver hacia adelante. Ahora haz eso con todo, no solamente la lapicera. Todo. Eso es Devs.

 

Devs, episodio 6

 

Al determinismo se le suma la posibilidad de tener una gran capacidad de cálculo, que en la vida real se espera obtener con la computación cuántica. De acuerdo con la premisa de la serie, si se conocen todos los datos y variables que intervienen en una situación dada y se tiene el poder de cálculo suficiente, se puede predecir lo que habrá de suceder en el futuro y, por el mismo principio, determinar con exactitud qué sucedió en el pasado. Esto nos lleva a explicar el desarrollo secreto en el cual están trabajando los programadores. Se trata de una supercomputadora que crea predicciones sobre el futuro y recreaciones del pasado, logradas a partir de un universo determinístico y gracias a un gran poder de cálculo. Es una computadora tan poderosa que puede calcular todo lo que existió y existirá. En otras palabras, es una máquina del tiempo.

Otra idea que aparece sobre el final de la serie es una teoría que ha ganado fuerza en los últimos años: la hipótesis de simulación, propuesta en su forma actual por Nick Bostrom. En pocas palabras, esta hipótesis establece que es probable que nuestras vidas sean algo así como una simulación por computadora llevada a cabo por los seres humanos del futuro, que han avanzado en su tecnología lo suficiente como para realizar este tipo de experimentos. En ese caso, nuestra conciencia no podría distinguir entre la realidad y una simulación, porque para todos los efectos se sentiría igual. En el caso de Devs, la supercomputadora está en condiciones de crear simulaciones donde todas las probabilidades se concretan y, por lo tanto, todos los mundos posibles existen.

El episodio final depara algunas sorpresas, que además de la simulación incluyen el título de la serie y una discutible interpretación religiosa del libre albedrío. Como señalamos antes y a pesar de toda su complejidad, nos queda la sensación que la idea original no estuvo bien aprovechada y su realización deja bastante que desear. Nos parece original y lo suficientemente interesante como para recomendarla, pero no la consideramos una gran serie.

Alex Garland, guionista y director de Devs, fue también entre otras cosas guionista y director de las películas Ex Machina y Annihilation. Garland sostiene que le gustaría que sus trabajos sean considerados no como afirmaciones definitivas, sino como parte de una conversación. Como una serie de ideas que es interesante considerar cuando se discuten determinado tipo de problemas. Es en este sentido que la serie nos parece interesante, como parte de una conversación en la que se consideran problemas filosóficos sobre la vida y el universo, y en los que es muy difícil llegar a una conclusión inobjetable. Como en otros aspectos de la vida, en este tipo de discusiones también es más importante el camino recorrido que el resultado final.

 


 

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